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miércoles, 2 de mayo de 2018

Entrevistamos a Lorenzo Pérez Sarrión, Secretario general de la Sindicatura de Comptes

Entrevistamos a Lorenzo Pérez Sarrión, hasta hace poco miembro de la directiva de COSITAL Valencia y actualmente Secretario general de la Sindicatura de Comptes

Lorenzo Pérez Sarrión ha sido durante los últimos años una valiosa pieza de la Junta de Gobierno de COSITAL Valencia. Pérez Sarrión siempre ha aportado al Colegio en beneficio de los habilitados nacionales, defendiendo los derechos de nuestro colectivo en línea con el objetivo de garantizar también los derechos de los ciudadanos. Recientemente dejó el cargo de Secretario en el Ayuntamiento de Gandía y su representación en COSITAL Valencia, para asumir la Secretaría General de la Sindicatura de Comptes. Con él hacemos un pequeño recorrido por su paso por el Colegio y tomamos brevemente el pulso al estado de nuestras administraciones.

¿Cómo empezó su relación con el mundo de la Administración?

         Entré en mi primer ayuntamiento en el siglo pasado, claro, allá por el año 87. He conocido entidades locales de todos los tamaños y colores. He pasado buenos, regulares y malos momentos en alguna de ellas. De todas, eso sí, he aprendido, y me han ayudado a crecer como profesional del mundo local que, como muchos coincidirán conmigo, no deja de tener su “gusanillo”: es de todo menos aburrido.

         También me ha enriquecido como servidor público mi experiencia en la administración de la Generalitat, en la década de los 90, así como -ya con el cambio de siglo- mi paso por la Abogacía, como letrado, también de la Generalitat Valenciana, ámbitos actuales de excedencia. Me considero afortunado por ser un poco la suma de todo ello.

         En cuanto a COSITAL, entré en la directiva, la verdad, casi de casualidad, un poco, si se quiere –cariñosamente- “engañado”. Es broma, obviamente, un guiño para algún que otro compañero y amigo que se sonreirá cuando lea esto.

         No es un secreto que siempre fui beligerante con la colegiación obligatoria, reivindicando la necesidad de que el tejido asociativo se basara en una participación voluntaria en el ámbito de lo colectivo, como así reconoció el Tribunal Constitucional en la interpretación de este derecho fundamental de asociación, tras lo cual, como no podía ser de otra manera, me impliqué activamente en su renovación y crecimiento.

         Afortunadamente, el contexto que propició esa divergencia está ampliamente superado, y el Colegio es –y será-  lo que los colegiados quisimos –o queremos- que sea. En ese sentido, el futuro de éste depende de este sencillo axioma. Responsabilidad exclusiva, pues, de los compañeros y compañeras.

         Si he de hacer una valoración global de estos casi 8 años en que he tenido de una u otra manera  responsabilidades efectivas en Cosital VLC, ya sea en el ámbito institucional representativo, de la formación, de la visualización del colectivo en los medios de comunicación o en el impulso de las nuevas tecnologías, he decir que ha sido tremendamente positiva. Y no gracias a mí, sino al trabajo de grupo por parte del equipo humano que hemos ido formando en cada período las respectivas Juntas Directivas, que ha aportado valor añadido, muchas veces de forma callada, hurtando tiempo al ocio y la familia, a la función colegial. He de dar las gracias a todas esas personas de las que también he aprendido.

         No me corresponde a mí hacer balances. Lo que sí que puedo decir es que ha sido una tarea apasionante, en un difícil período, tanto por la crisis económica y los complejos cambios normativos que ésta ha comportado, como por la puesta en valor de las funciones de los habilitados nacionales, comprometidos desde un ejercicio profesional riguroso e independiente, que cada vez es menos desconocido para el común de los mortales. Pero aún queda mucho trabajo.

         En todo caso, no estamos ante un mérito propio sino compartido por las personas que hemos creído ver una evolución de la representación colegial plenamente implicada en la realidad jurídica, económica y social que le ha tocado vivir.

         Las líneas de trabajo a desarrollar dependen, ahora, y en el futuro, de los que se quedan, buenos profesionales y mejores personas; y de los que vengan, pues la movilidad de los habilitados nacionales –bienvenida sea, señal de que se nos considera como un colectivo con proyección y capacidad de aportar a otras administraciones- propicia una inminente renovación directiva. Sin duda seguiremos creciendo.

         Mi incorporación a la Sindicatura ha comportado, por imperativo legal, mi cese en funciones directivas colegiales, al fin y al cabo, efímeras o cuando menos pasajeras, lo que hice el pasado 28 de febrero. Pero aun fuera del estricto ámbito local, sigo estando colegiado, y dispuesto a contribuir, en este nuevo ámbito laboral, como profesional de a pie, a que el ejercicio de nuestra profesión sea nuestra mejor tarjeta de visita.

Según su opinión, ¿cuál es el estado del Colegio actualmente? ¿Qué aspectos considera que podría o debería mejorar?

         COSITAL Valencia goza de buena salud. Es más, en algún sentido, hasta podríamos decir que está de moda. Se le consulta habitualmente, -algo impensable hace años- en el terreno de la construcción normativa, sobre todo por parte de la Generalitat Valenciana, para que sus colegiados aporten el conocimiento que tienen de la realidad local en los proyectos legislativos o reglamentarios que de una u otra forma afectan al ámbito local.

         Otra de las señas de identidad en las que se ha consolidado la posición de COSITAL Valencia es en el ámbito de la formación. La hiperproducción normativa exige una permanente actualización de conocimientos, a la que Cosital no es ajena, constituyendo un referente, sobre todo en el ámbito valenciano, en el terreno de la administración electrónica.

         El estrechamiento de relaciones profesionales con otros colectivos –Informáticos de Administración Local, Ingenieros, archiveros y gestores documentales, técnicos de personal, policía local…- o la abertura a nuevos ámbitos de cooperación, por ejemplo en el terreno pericial en juzgados y tribunales, han supuesto también nuevas vías de integración de nuestra profesión en la sociedad en la que desarrollamos nuestras funciones legalmente reservadas. Por citar sólo algunos ejemplos.

         Queda mucho por hacer, pero, modestamente, creo que se ha avanzado bastante. Y para que esa trayectoria no se interrumpa sólo hace falta una cosa: implicación de los colegiados en todo lo que les concierne. Ello supone, qué duda cabe, más de un sacrificio, algún que otro olvido, cuando no algún disgusto.

         Debe superarse, a mi juicio, el “habría que” o el “debería hacerse…” Las cosas no se arreglan por sí solas en una tertulia de amigos o en una conversación de cafetería. Hay que trabajar. Y eso supone esfuerzo. Es hora de dar un paso al frente, participar, aportar, en definitiva, sumar, construir entre todos. Si no, no nos podemos quejar: si no nos involucramos en lo que nos concierne, otros se ocuparán de ello.

Igualmente, y saliendo de las fronteras de COSITAL, ¿en qué estado opina que se encuentra la administración local? ¿En qué aspectos podría mejorar también?

         Evocando al irremplazable Saramago, me considero en este punto, un optimista crítico, o si se quiere ver de otra forma, un pesimista constructivo. A ver, sin entrar en utopías o distopías, la administración local es un paciente crónico. Y como tal, tiene una mala salud de hierro. Lo que no siendo bueno, en principio, le otorga una extraordinaria capacidad de respuesta. Cualquier ayuntamiento es –no le queda otra- un superviviente nato. Me explico.

         La inmediatez y urgencia de los problemas que a diario se gestionan en una entidad local no admiten casi nunca el reposo y sosiego que muchas decisiones requieren. Los habilitados nacionales somos piezas esenciales para que las cosas, en ese marco de juego complicado, se hagan de la mejor manera posible. 

         Las entidades locales tienen siempre muchos frentes abiertos, multitud de normas, estatales, autonómicas, europeas, que no siempre son compatibles entre sí, y que requieren una adaptabilidad constante, lo que no siempre es fácil.

         Y todos esos problemas tienen que ver a menudo con dos ejes básicos, que son el eterno caballo de batalla de lo que constituye el núcleo de la autonomía local, constitucionalmente garantizada: las competencias y su financiación. La reforma sobre racionalización y sostenibilidad local (la conocida LRSAL) de 2013 no facilitado precisamente las cosas en ese sentido. Otro asunto es que haya tenido efectos terapéuticos sobre el déficit público local, para maquillar las cifras macroeconómicas del conjunto a nivel estatal, mientras precisamente el Estado no ha mejorado en similar medida sus cuentas públicas. Pero como dice el refrán, unos llevan la fama y otros cardan la lana…

         Esta situación –mal endémico de la Administración Local-  ha requerido esfuerzos y sacrificios, cuando no riesgos para aquellos gestores locales –políticos y técnicos, a menudo no siempre bien entendidos- que no han abandonado a sus vecinos en los momentos más difíciles de la crisis, sobre todo en las áreas sociales y asistenciales. Es justo reconocerlo. Hay propensión a olvidarlo. 

         Actualmente, las cifras van mejorando, las interpretaciones del marco competencial de la LRSAL se han relajado a nivel estatal, tolerando que las CCAA, como es el caso de la Generalitat Valenciana, modulen los marcos competenciales locales con su legislación propia habilitante, incluso estrechando la  colaboración y la cooperación entre la Generalitat las entidades locales valencianas. Dos buenos ejemplos lo constituyen el programa Edificant en el ámbito  de la reforma de las infraestructuras educativas, o la creación y consolidación del Fondo de Cooperación Municipal.

         O sea, que se están dando pasos, sin duda se pueden mejorar algunas cosas, pero se echa en falta -como en tantos otros ámbitos de la actividad pública, una coordinación efectiva de los recursos disponibles, especialmente por parte del Estado. No es infrecuente comprobar cómo el legislador estatal, no piensa en clave local. Así nos va.

         A mi juicio, es hora de asumir la mayoría de edad de nuestros ayuntamientos, sobre la base de transformar las subvenciones finalistas procedentes de otras administraciones públicas en fondos incondicionados para el ejercicio de las competencias que les corresponde, donde la rendición de cuentas y la transparencia delimiten el terreno de juego, estable, conocido y confiable, con un reforzamiento del papel cualificado e independiente de los habilitados nacionales como pilar básico de su funcionamiento interno, complementado con los controles habituales, de fiscalización y  jurisdiccional ordinario, similar al del resto de administraciones públicas.

Recientemente ha sido nombrado Secretario general de la Sindicatura de Comptes, nos gustaría que nos detallara brevemente las funciones de su nuevo puesto

         La verdad es que soy consciente de asumir un nuevo reto profesional para el que tengo el honor de haber sido propuesto, precisamente, creo, por la experiencia como habilitado nacional en las administraciones locales por las que he pasado. Y máxime en un momento como el actual, en el que la ciudadanía exige un mayor control sobre la gestión pública en todos sus ámbitos.

         En este sentido, el rol de la Sindicatura es esencial. Por su Ley reguladora, a la Sindicatura le corresponde el control externo económico y presupuestario de la actividad financiera del sector público valenciano, así como de las cuentas que la justifiquen.

         Para ello, la organización de la Sindicatura prevé un órgano, la Secretaría General, a la que corresponde la organización y dirección de los servicios generales, así como el asesoramiento general en materias de contenido jurídico o técnico que se considere oportuno para el mejor cumplimiento de las competencias propias de la Sindicatura de Comptes.

         Con las lógicas diferencias derivadas de la diferente naturaleza de la institución autonómica  respecto de las entidades locales, podríamos decir que las funciones a desempeñar en la Sindicatura son muy similares a las que desarrolla cualquier  habilitado nacional en un ayuntamiento, y tienen que ver con las de gestión ordinaria para el normal funcionamiento de la organización, garantizar el funcionamiento administrativo eficaz y eficiente de sus órganos, especialmente el Consell, con respeto a la legalidad ordinaria, y asegurando fehacientemente su actividad.

         Nada más. Y nada menos. Mucha responsabilidad, como en los ayuntamientos.

         La diferencia más grande es quizás que los “clientes” de la Sindicatura no son directamente los vecinos, como en el caso municipal, sino –entre otros entes del sector público valenciano- las propias entidades locales, por lo que la función de la Sindicatura sobre la ciudadanía es de carácter indirecto, verificando una asignación legal y eficiente de los recursos públicos de las entidades locales para el ejercicio de sus competencias sobre aquélla.

         El objeto del “negocio” no es, tampoco, como en el ayuntamiento, prestar servicios públicos, sino fiscalizar las cuentas municipales, emitir Informes a través de distintas modalidades de auditoria.

         Coloquialmente trataba de explicar hace poco el papel que a mi juicio debe corresponder a la secretaría general de la Sindicatura, que no es otro, a mi entender, que el de posibilitar, desde un segundo plano, o si se quiere, con carácter instrumental,  que ésta desarrolle adecuadamente sus competencias con arreglo al Estatuto de Autonomía y las Leyes.

         Y en ello andamos, en una suerte de viaje de ida y vuelta, en ese apasionante camino común del servicio público, dejando esta vez en la recámara mi condición de funcionario de administración local. Nunca se sabe, qué nos deparará el devenir de las cosas.

¿Qué aspectos principales marcarán esta nueva etapa qué inicia en la Sindicatura?

         Ante todo, la de seguir, modestamente, aprendiendo, para poder aportar en el ejercicio de nuevas funciones, en una institución estatutaria, la Sindicatura de Comptes, no siempre bien conocida, que tanto tiene que ver con las entidades locales. Considero que la experiencia adquirida como habilitado nacional en distintas subescalas, en este ámbito de la gestión local, puede aportar visiones complementarias al Órgano Valenciano de Control Externo, especialmente en cuanto se refiere a la implantación y normalización de la administración electrónica.

         En ese sentido, quizás el principal reto sea el de modernizar su funcionamiento, adecuándolo al entorno de producción digital, buscando alianzas con otros OCEX (órganos de control externo de Comunidades Autónomas) y con el propio Tribunal de Cuentas, con una perspectiva de innovación, dada la similitud y complementariedad de sus funciones.

         Impulsar instrumentos de colaboración y desarrollos tecnológicos comunes entre éstos, especialmente en materia de seguridad, transparencia, interoperabilidad real, protección de datos y transparencia efectiva, en el marco legal de la reutilización de recursos públicos, deben ser, a mi juicio, los parámetros en los que focalizar los esfuerzos de la hoja de ruta que ha de consolidar la Sindicatura como instrumento independiente de control, complementario del resto de las instituciones y gobiernos, autonómico y locales, de la Comunitat Valenciana.

         A ello dedicaremos, humildemente, nuestro empeño, como si fuera mi primer ayuntamiento, en la Ribera Alta, en el que me estrené como secretario-interventor, hace ya algunas décadas.

         Es nuestro deber, y nuestro derecho. No concibo la profesión de otra manera.

         Gracias.